Fue aquel día donde nuestros cuerpos se enredo y se unió,
donde tocamos la fibra hasta llegar al motor que da la vida,
sin casi oxigeno en nuestros cuerpos húmedos, fuimos calentando la noche,
me cogiste de la mano, y me la agarraste fuerte mientras tu cara se arrugaba de placer, viajamos por zonas erógenas sin pararnos,
recreándonos, jugando con cada rincón de nuestro paraíso,
subimos, bajamos, nos adentramos por zonas peligrosas,
nos necesitábamos uno al otro, besos, caricias, miradas,
nos dieron las tantas y llegamos a ver como amanecía,
fue aquel día donde alcanzamos el cielo y lo acariciamos con las palmas de nuestros orgasmos.


